Sepur Zarco: 3er dia del juicio

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Resumen del tercer día del juicio Sepur Zarco
Ciudad de Guatemala
4 de febrero, 2016
Por Fabienne Doiron

Sabiendo que este tipo de casos pueden tardar mucho en llegar a juicio, las organizaciones querellantes adhesivas en el caso lograron que las mujeres sobrevivientes—muchas de ellas ya mayores de edad y con problemas de salud—dieran su testimonio en calidad de prueba anticipada en el 2012. Los primeros de tales testimonios fueron presentados al tribunal en este tercer día del juicio. Los abogados de la defensa intentaron invalidarlos, argumentando que si las mujeres ya no tenían ningún obstáculo a testificar frente a la corte entonces lo deberían de hacer. La Jueza, sin embargo, recordó a los defensores que estas objeciones debían de haber sido presentadas con el juez controlador y que en este momento procesal la responsabilidad del Tribunal de Sentencia es de diligenciar las pruebas que ya han sido aprobadas.

Las tres declaraciones que se oyeron el miércoles eran las de mujeres que se habían refugiado en las montañas después de que fueran desaparecidos sus esposos y que ellas fueran violadas por soldados dentro o cerca de sus casa. Como explicó una de ellas, “nos tenían bien controladas a las que ya no teníamos esposos”. En su caso, los soldados la siguieron cuando ella iba a traer agua, la agarraron, la tiraron al suelo, y la violaron frente a su hijo de cuatro años de edad. Aunque las mujeres que dieron estos primeros tres testimonios, no fueron sometidas a la esclavitud sexual y domestica que sufrieron otras en el destacamento de Sepur Zarco, la alternativa para ellas fue años de sufrimiento en la montaña: las tres sobrevivientes pasaron seis años en la montaña, donde perdieron varios hijos por el hambre, la enfermedad, y la violencia de los soldados que no dejaban de perseguirlas, incluso bombardeando los áreas donde se encontraban refugiadas. Otra de las sobrevivientes explicó su decisión de huir: “Yo pensé que allí mis hijos se iban a salvar, por eso fui a la montaña… pero se murieron de hambre”. Esta misma señora también perdió una hija cuando los soldados “la hicieron pedazos con machete”—ella estaba embarazada. Estas mujeres bajaron de las montañas sin nada: sus casas habían sido quemadas con todas sus pertenencias, y, como bien dijeron, regresaron desnudas, la ropa que llevaban era ya casi inexistente después de tanto tiempo expuesto a la intemperie.

Entre la segunda y la tercera declaración en anticipo de prueba, el tribunal escuchó al décimo testigo del caso: don Mateo Rax Maquín. Don Mateo fue detenido en la base de Tinajas durante tres días. Allí vio a varias personas de comunidades aledañas llegar a mano de soldados, indicando que “Todos allí estaban gestionando tierras.” Contó que los soldados les preguntaban por los guerrilleros, que quiénes eran sus jefes, y dónde había quedado el campamento, y los torturaban, cortándoles las orejas, el cuello, y la cara. “¿Pero que podíamos decir?” preguntó don Mateo, “En nuestra comunidad solo estaban los soldados, ellos eran los que estaban causando dolor”.

Don Mateo fue uno de los pocos que logró escapar —pudo desatar la cuerda que tenía en sus pies y huir mientras los soldados estaban torturando a otra persona. Se escondió en el monte y se tiró a un río aún teniendo las manos atadas tras la espalda. Explicó al tribunal que había tenido que cruzar varios ríos y caminar por el monte para evitar los caminos, donde sabía que estarían patrullando los soldados, y agregó que le habían causado tanto daño que no pudo trabajar durante un año después de ser torturado.

Cuando se le preguntó si podía describir al “don Canche Asij,” respondió que él era un “hombre grande, fuerte” con quien era mejor no tener problemas. Luego se le preguntó si veía al Canche Asij en la sala. Todos observaron ansiosamente mientras don Mateo miró a su alrededor una y otra vez. Pareció mirar directamente, o tal vez más allá, de donde estaba sentado Valdez Asij varias veces antes de, con un sobresalto, levantar su mano y señalarlo con el dedo, explicando al tribunal que lo había estado buscando dentro del público.

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